El uso del celular si ha causa estragos en las relaciones humanas, eso no se puede negar y en las fiestas o reuniones ni se diga, es patético observar a los invitados literalmente metidos en las pantallas, dejando a un lado el objetivo principal del evento social “socializar” con el vecino, amigo, familiar e inclusive con la misma pareja, si, así de mal estamos, desaprovechamos los momentos de compartir y esto aplica a todas las edades, no es un asunto exclusivo de los adolescentes y jóvenes, quienes lideran la acción, por lo tanto, a la hora de bailar son muy pocos los que salen con la buena disposición, y entre los de menos edad, ya es una sorpresa que tomen la iniciativa.
Otra causa directa, es que no se sabe bailar, se ha comprobado que el 90 por ciento que manifiesta no gustarle bailar es porque no saben y no se atreven a decirlo y mucho menos que les enseñen, la presión social y el que dirán no les permite dar el paso literalmente, en otras ocasiones, es tanto la pena que prefieren, aun que quieran bailar, bailar con el amigo y no con la niña que lo mira a ver si la saca a bailar, quizás en casa o la misma familia no se tomó el tiempo de enseñar, dirán -son otros tiempos-, hasta unas generaciones, los hombres eran los que competían y aprendían desde niños a bailar, siendo un reto, una virtud y una gran ventaja para conquistar una niña, hoy en día a las niñas les toca bailar entre ellas para mantener la alegría y la buena actitud en estos espacios. Son muy poquitos los chicos que hacen la diferencia y rumbean hasta con la abuelita.
Hablando de familia, y en especial a los más jóvenes no les han enseñado a portarse en una fiesta, a que me refiero, es un momento de compartir y no de salirse del salón, prefieren estar, en la mayoría de las veces con el celular en la mano sentados en un andén o en el parqueadero, situaciones incomodas para los anfitriones u organizadores porque para eso alquilaron un salón decorado y cómodo para dichos invitados.
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| Getty Images |
Todas estas circunstancias nos llevan a pensar, y ahora que sigue, espero que se rescate el hecho de la iniciativa varonil de sacar a bailar, de tomar conciencia y hasta suena raro, -a pensar a que voy a una fiesta o celebración-, tener más tolerancia con la diversidad musical, a disfrutarse la vida cada segundo y la rumba hace parte de eso, aprender a bailar, el sonreírle a la vida, que cada oportunidad de moverme sea un momento de alegría y de disfrute, compartir el momento, no sabemos si después estemos, bailar es salud y es un momento social.
Mujeres si no las sacan a bailar, sáquenlos a bailar… Ojalá esto se equilibre.


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